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Rebe & Traube

Historia del vino

Un profano a la exploración del vino 7

«El diablo creó el aguardiente para llevarnos a la perdición». Menos mal que no bebo nada de alta graduación y que, como muy tarde, tiro la toalla ante un amaretto o un licor de huevo.

3 min de lectura

El alcohol es obra del diablo

Y, aun así, me vi un poco en apuros cuando el martes me enredé en una discusión con mi hija de cinco años. 

«¿Qué estás bebiendo?» 

«Vino». 

«¿Puedo probarlo?»

«No, esto es alcohol, no es para niños».

«¿Por qué no?»

«Porque es un poco malo para la salud».

«¿Y entonces por qué bebes algo así?»

¡Mierda!

Me da igual

¿Y ahora qué dices? Tuve suerte, porque, en el fondo, ya había perdido el interés al oír el «no» y, como no respondí enseguida, se dio la vuelta encogiéndose de hombros y buscó cosas más interesantes. Aun así, estoy seguro de que ni a ella ni a la mejor esposa del mundo les habría parecido especialmente buena la respuesta «¡Porque está rico!». Y tampoco creo que «Porque es martes» hubiera tenido muy buena acogida, aunque algo de verdad hay en ello.

Nuestros vecinos son constantes

Unos vecinos nuestros comen pescado todos los viernes sin excepción y mi hermano barre la calle cada sábado. Ninguno de ellos lleva, por lo demás, una vida estrictamente cristiana, pero han conservado la costumbre. Además, el jueves es el día del cine, los domingos la mayoría de los matrimonios tienen sexo, el lunes es el día de quienes se desplazan al trabajo y a nosotros nos gusta tomar un vino o dos los martes.

¿Qué día es el día del vino?

Todo empezó hace años y, curiosamente, la persona que lo desencadenó ya ni siquiera lo recuerda. Por aquel entonces tenía una reunión del comité de empresa cada martes y después solía pasarse por nuestra casa. Resulta que este defensor de los trabajadores es, además, aficionado al vino, así que traía alguna que otra botellita. Nosotros aún no teníamos hijos y, por tanto, también teníamos una vida social más allá de las reuniones de padres y las quedadas para que jueguen los niños.

Así que era de lo más normal que otras personas también pasaran tiempo con nosotros y, como el martes ya estaba «ocupado» de todos modos, invitábamos también al resto de la tropa. Lo que, visto en retrospectiva, no consigo explicar es por qué a nadie se le ocurrió traer cerveza algún martes. Como obedeciendo a una señal secreta, bebíamos exclusivamente vino.

Así encuentro el vino adecuado en la estantería

Al principio era la mula de carga

Al principio era yo quien lo compraba para aquellas reuniones cada vez más numerosas, pero el entusiasmo por mis compras era más bien limitado. Como es comprensible, cada vez aparecían más voluntarios que me quitaban esa carga de encima. Antes de que nos diéramos cuenta, el grito de guerra «¡Es martes!» resonaba entre nuestros amigos con total independencia de nosotros, y ya no éramos los únicos para quienes martes y vino iban simplemente de la mano, al margen de lo que hubiera que hacer ese día. Eso nos llevó, entre otras cosas, a disfrutar de la semifinal del Mundial de fútbol entre Alemania e Italia con un riesling muy agradable, que compensó con creces la dolorosa derrota e hizo que la velada fuera llevadera incluso para las chicas.

Unos años después

Hoy, aquel grupo está disperso por todos los puntos cardinales y distintos países, la mayoría tenemos hijos y trabajos exigentes, y la comodidad también se cobra su precio. Pero mi campanilla de Pávlov sigue siendo ese sonido inaudible que se produce cuando el lunes da paso al martes. A más tardar por la tarde empieza a despertar un ligero anhelo de vino, y a nadie le extraña que por la noche descorchemos una botella, salvo quizá a mi hija. Y estoy casi seguro de que, si algún día conseguimos levantarnos de la alfombra de juegos sembrada de Lego y reunir a la vieja pandilla, probablemente será un martes. Ahora creo que incluso estoy preparado para llevar yo mismo el vino, quizá un riesling de Kießling, en Heilbronn.

Rima y está rico.

Die Weinpost

Buen vino. Buenas historias.

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