Saber de vino
Por qué el Winzersekt y el Pet-Nat tienen tanta demanda
Alemania burbujea: el Winzersekt y los Pet-Nat naturales conquistan bares, restaurantes y bodegas privadas: un renacimiento de los vinos espumosos que representa no solo el glamour, sino también la autenticidad.
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De producto de masas a patrimonio cultural
Hace apenas veinte años, el Sekt tenía un problema en Alemania: se consideraba un producto de masas, elaborado por grandes bodegas, a menudo con vino base importado, embotellado por millones y, sobre todo, barato. «El hermano barato del champán»: esa era la percepción generalizada. Quien podía permitírselo elegía champán; quien quería ahorrar compraba Sekt en el supermercado de descuento. Pero esta imagen está cambiando radicalmente.
Cada vez más viticultoras y viticultores descubren la elaboración de espumosos y apuestan por la calidad artesanal. El Winzersekt vive un renacimiento. En lugar de cuvées sin personalidad, surgen Sekte de añada y de viñedo que destacan por su precisión, su terruño y su individualidad. Paralelamente, una tendencia internacional llega a Alemania: el Petillant Naturel —Pet-Nat, para abreviar—, un espumoso natural que fermenta una sola vez y se embotella sin filtrar. Ambas corrientes están haciendo que los espumosos vuelvan a despertar emociones.
El encanto del Winzersekt
El Winzersekt no es nuevo. Ya desde la década de 1980, las bodegas alemanas elaboran Sekt mediante el método tradicional de fermentación en botella. Pero es la generación joven la que lo convierte en una auténtica promesa de calidad. En lugar de transformar «cualquier» vino base en espumoso, seleccionan deliberadamente las variedades de uva y las parcelas. El Sekt de Riesling goza de especial popularidad: aúna frescura, fruta y mineralidad, y posee un sello claramente alemán.
Un ejemplo: en el Palatinado, una joven pareja de viticultores ha decidido reservar la mitad de su cosecha de Riesling para elaborar Sekt. El resultado son botellas que permanecen entre dos y tres años sobre lías, con una burbuja fina y un aroma complejo. Los críticos ya elogian estos Sekte en las clasificaciones internacionales.
Pet-Nat: salvaje, indómito, auténtico
Mientras que el Winzersekt representa la precisión y el trabajo artesanal, el Pet-Nat es su contrapunto rebelde. Su origen está en Francia, concretamente en el Loira. Hoy también se encuentra en las bodegas alemanas. El Pet-Nat se embotella sin filtración, sin dosificación y sin una larga crianza sobre lías. Eso lo hace imprevisible, a veces turbio, siempre apasionante.
En Berlín, Hamburgo y Colonia, el Pet-Nat forma parte desde hace tiempo de la oferta habitual de los bares de vinos de moda. Los consumidores jóvenes adoran lo imperfecto. Esa efervescencia ligeramente salvaje encaja con una generación que antepone la autenticidad a la perfección.
La restauración como motor
La restauración alemana desempeña un papel central en el auge de los espumosos. Cada vez más restaurantes apuestan por espumosos regionales para acompañar el menú. Un Sekt seco de Riesling sustituye al champán en el aperitivo, mientras que un Pet-Nat marida a la perfección con platos fermentados o con la cocina asiática. Los sumilleres cuentan que los comensales sienten curiosidad y están abiertos a nuevos estilos de espumosos.
Mercados en movimiento
La demanda de espumosos alemanes también crece en el ámbito internacional. Los Winzersekte se exportan con un éxito cada vez mayor a Escandinavia, Estados Unidos y Japón. El mercado premia la autenticidad y la calidad. Mientras que el champán ha ganado exclusividad en los últimos años debido a sus elevados precios, el Winzersekt alemán ofrece una excelente relación calidad-precio.
Conclusión
El auge de los espumosos es más que una tendencia. Muestra cómo una bebida puede pasar de ser un producto de masas a convertirse en patrimonio cultural. El Winzersekt y el Pet-Nat se dirigen a públicos diferentes, pero ambos representan una nueva actitud: burbujas sí, pero, por favor, con carácter.
Die Weinpost


