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Rebe & Traube

Viaje enológico

Un legado ancestral sin filoxera ni injertos

Especialmente en La Palma, la «isla verde» al oeste del archipiélago, la viticultura desempeña un papel de gran tradición, auténtico y muy especial.

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Quien recorre las islas Canarias descubre enseguida que estas islas no solo son un paraíso para senderistas, amantes del sol y aficionados a los volcanes, sino también un secreto por descubrir para los amantes del vino. Especialmente en La Palma, la «isla verde» al oeste del archipiélago, la viticultura desempeña un papel de gran tradición, auténtico y muy especial.

Viticultura ancestral entre volcanes

La Palma impresiona no solo por sus espectaculares paisajes de campos de lava, bosques de laurisilva y costas escarpadas, sino también por sus viñedos centenarios, que se encuentran en laderas y depresiones volcánicas. La viticultura tiene aquí una larga historia: los conquistadores españoles introdujeron las primeras cepas ya en el siglo XV.

Pero mientras Europa sufría en el siglo XIX una catastrófica plaga de filoxera, La Palma, al igual que las demás islas Canarias, quedó a salvo de esta plaga. El clima cálido y seco y el aislamiento geográfico actuaron como un escudo protector natural. Hasta hoy, la filoxera sigue siendo desconocida en La Palma.

Viticultura sin injertos: una rara excepción

Y precisamente ahí reside una particularidad que hace única en el mundo a la viticultura de La Palma: aquí las cepas crecen en pie franco. Es decir, no se han injertado sobre portainjertos americanos resistentes, como ocurre en casi todas las demás regiones vitícolas del mundo. En cambio, siguen prosperando hoy sobre sus propias raíces europeas originales.

Esta práctica es casi una reliquia de otra época. Las vides crecen lentamente, profundamente arraigadas en un suelo volcánico rico en minerales: un terruño que confiere a los vinos un carácter muy propio, salino y mineral, con una profundidad y una frescura sorprendentes. Cada botella es un auténtico pedazo de la isla.

Diversidad en la copa: variedades autóctonas y producción artesanal

En La Palma se trabaja sobre todo con variedades de uva autóctonas que solo existen en Canarias. Entre ellas figuran la blanca Albillo Criollo y la tinta Negramoll, cuyas uvas se vendimian a mano y a menudo todavía se elaboran de forma tradicional. Muchos viticultores apuestan por la fermentación espontánea, la mínima intervención en bodega y pequeños volúmenes de producción: una alternativa consciente a la viticultura industrializada de masas.

En las zonas de altitud en torno a Tijarafe, Garafía y Mazo, así como en los célebres pagos de Fuencaliente, maduran vinos que se benefician de un microclima singular. Aquí, el sol, los alisios y los suelos volcánicos se encuentran con vides ancestrales: una combinación sin igual.

Un tesoro para quienes buscan descubrir

Los vinos de La Palma siguen siendo en Europa un secreto por descubrir. Quien consigue una botella no solo prueba un vino, sino una historia de independencia, tradición y resistencia. La renuncia al injerto, la ausencia de filoxera y el cultivo de las plantas en pie franco hacen de los vinos de La Palma un verdadero patrimonio cultural.

La Palma no es solo una isla de maravillas naturales, sino también un museo vivo al aire libre de la viticultura ancestral. Aquí las vides siguen creciendo como era habitual hace siglos en toda Europa: libres, profundamente arraigadas y sin portainjertos americanos. Quien busque vinos auténticos, con gran carácter y forjados por la historia debería dar protagonismo a los vinos de La Palma. Lo merecen.

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